
Antes de empezar a realizar viajes extravagantes por todo el mundo y de empezar a escribir libros, Ricardo Coler, el autor de “El Reino de las Mujeres” ejercía la medicina. En esta entrevista confiesa los cambios internos que le produjo viajar al último matriarcado.
Piso 14 de un edificio del barrio de Palermo. No se parece tanto a la oficina de un periodista, sino mas bien es parecido al consultorio de un medico. Paredes blancas, pasillos angostos, apenas un cuadro colgado y asientos reclinables. Bienvenidos al reino de Ricardo Coler, en el que la medicina y el periodismo no se mezclan a pesar de las huellas que deja una en la otra. Pero lo más interesante de este escritor es su inquietud por los estudios y las culturas relacionadas a lo femenino.
Y aunque responda fervientemente que no es antropólogo ni que tampoco esa sea su finalidad, Coler tomó sus valijas e inició un viaje a la región de Loshui, China, en donde se encuentra el último de los matriarcados.
Y es que en el Reino de las Mujeres las cosas son inimaginables para nuestra sociedad. Pensar en que las mujeres tienen el máximo poder parece una utopia, y más si ese poder es consensuado por los hombres de esa comunidad.
V.F.: ¿Qué es lo que te motivó a realizar esta investigación y a escribir este libro?
R.C.: Como en todo lo que uno hace, hay razones que se cuentan y otras que son mas intimas. Bueno, yo voy a contar solamente las intimas. Mi intención era ver que pasaba en una sociedad en donde las mujeres no podían quejarse de nada, en donde nadie puede decir que hay una educación machista, en donde no se puede decir que tienen menos oportunidades que los hombres, en donde no se puede decir ni que las subyugan ni que las maltratan. También fui con la idea de poder encontrar lo propio de lo femenino. Porque todos sabemos mas o menos lo que es una mujer hasta que tenemos que describirla, y ahí la cuestión ya no es tan sencilla. Porque, ¿que es lo que define a una mujer? La anatomía no la define. La maternidad tampoco. Y que les gusten los hombres, menos. Es mas fácil saber que es una mujer y mas complicado saber que es lo femenino. Y la verdad que haber ido al Reino de las Mujeres que es como una especie de paraíso del movimiento feminista no es que me dio alguna clave para convertirme en un experto en mujeres, pero pude responderme algunas preguntas y darme cuenta que las cosas no eran tal cual yo me las imaginaba.
Además de su preparación para la investigación, Coler llevó regalos argentinos para mostrarles su cultura a los Mosuo, habitantes del pueblo de Loshui, en China. Pero también, como cuenta en su libro, tomó algunas clases de tango para enseñarles el baile rioplatense.
V.F.: ¿Cómo fue la preparación para realizar este viaje?
R.C.: Corría 10 kilómetros por día (risas). Eso de estar en buen estado físico, para los libros que yo hago, parece un chiste pero tiene que ver, porque en general a los lugares que yo voy tienen condiciones muy adversas. De hecho la China no es un lugar como para ir a pasar unas vacaciones. El lugar es precioso pero las condiciones son complicadas. Mi alimentación se basaba en latitas de atún y galletitas de limón porque la comida de ahí era imposible y las condiciones sanitarias mejor no describirlas. Yo he estado en muchas sociedades matriarcales y cuando uno hace una crónica, no es que va caminando y cuenta lo que ve, o que va a ver que raras son esas tribus, porque eso es mas o menos plantear a la comunidad como si fuera un zoológico. Y en realidad es un viaje más que nada por adentro, porque lo más interesante es que todas esas cuestiones que yo consideraba como seguras se fueron cayendo a pedazos durante el libro. Yo no les cambie la manera de pensar a ellos, pero ellos si me cambiaron la mía. Porque a mi lo que me interesaba era contestar mis preguntas, no hacer una nota periodística contando como son las polleras de las mujeres Mosuo. Es mucho mas importante decir que se me cayo la idea de que las mujeres lo único que quieren es casarse, porque allí no existe el matrimonio y no quieren.
V.F.: ¿Y en qué cosas te cambió este viaje?
R.C.: Me cambió en dos o tres cuestiones. La primera es, como contaba, en algunas cuestiones que a mi me parecían seguras como que la mujer quiere casarse. O como pensar que un matriarcado es un patriarcado al revés, y no es así, porque la mujer cuando tiene el poder lo maneja de otra manera. Después hay una cuestión que me llamo mucho la atención, que yo lo cuento en el libro, que cuando yo me sentaba a comer, me atendían. Entonces ¿cómo es la pregunta?, porque eso en una sociedad como esta seria someter a la mujer, o que la mujer es la esclava del hombre, y estamos hablando de una sociedad en la que las mujeres tienen el dinero, el apellido, y realmente mandan al hombre. Entonces puedo entender que cuando una mujer esta tranquila y no se siente sometida por un hombre puede desplegar algunas cuestiones muy femeninas sin que eso le de vergüenza o la moleste o se sienta pisoteada, y la ceremonia de la alimentación en una de ellas, lo mismo que la del cuidado del fuego, que el hogar se mantenga bien, es una de las cosas que las mujeres no comparten con el hombre y que las pueden desplegar tranquilas en este tipo de sociedad.
Otra cosa que me cambiaron fue que nosotros cuando pensamos en el gobierno o la política siempre pensamos en términos de poder. Y hay muchas cuestiones culturales que tiene que ver con el poder. El hecho de que las mujeres armen sociedades menos violentas y más solidarias es un punto a tener en cuenta. Como también hay que tener en cuenta que una mujer que este al mando no significa que lo femenino este en juego. Una cosa es una mujer al mando, otra cosa es jugar lo femenino. Margarte Thatcher marcó a Inglaterra y fue el hombre mas duro que tuvo. Porque ponerse una falda no la convierte en una mujer. En las sociedades matriarcales lo más llamativo es que ellas ejercen el poder como mujeres.
V.F.: ¿Crees que hay muchas diferencias entre la femineidad de la sociedad occidental y de la sociedad matriarcal?
R.C.: La diferencia está en que en la sociedad matriarcal aparece lo femenino con menor dificultad que en la sociedad patriarcal. En la sociedad patriarcal sin duda se da lo femenino, pero de otra manera, mas complicado. Porque en las sociedades matriarcales ellas pueden imponer y todo el mundo esta conforme con ese estilo femenino. Pero yo no se si a alguna mujer de la sociedad occidental le gustaría un hombre de la sociedad matriarcal. Los hombres la pasan bárbaro, están contentos ahí, pero yo no me bancaria una mujer que me este gritando todo el tiempo.
V.F.: ¿Lo ves como una sociedad ideal para un hombre? En el sentido que vive con la madre, esta con la mujer que quiere…
R.C.: El tipo la pasa bárbaro. Por eso digo que no es un patriarcado al revés. Y la mujer no trata al hombre como un esclavo, sino como a un chico.
