
La violencia hacia la mujer atraviesa todas las clases sociales y todas las épocas, y tiene como denominador común el silencio de las victimas, ya sea por cuestiones culturales, por falta de recursos o simplemente por la ilusión de que todo algún día cambie. Y en los casos en los cuales las victimas logran salir del seno violento las respuestas que les espera son la apatía o la falta de interés y justicia por parte de las autoridades. A pesar de las nuevas líneas telefónicas y de los miles de nuevos centros y comisarías de la mujer que se implementaron en este ultimo tiempo, los números de las victimas aumentan, principalmente por leyes blandas y obsoletas para penalizar este delito, que se carátula como crimen pasional cuando en realidad se trata de femicidio. Femicidio es el asesinato de mujer es por razones asociadas a su género. El concepto de femicidio indica el carácter social y generalizado de la violencia basada en la inequidad del género, cuestiona los argumentos que tienden a culpar y a representar a los agresores como “locos” o como poseídos por fuerzas exteriores, inmanejables por si mismos, manejados por el amor o la pasión.
La abogada Silvia Viqueira, que es una luchadora activa de los derechos humanos, asesora en el Centro de la Mujer de Vicente López a miles de mujeres que se acercan solicitando su ayuda. La CEDAW fue aprobada por Naciones Unidas en 1979, y la Argentina lo ha incluido en su nómina en la ley 24.632, del año 1985 en la cual se establece que la violencia contra la mujer es una violación a sus derechos humanos. La Convención se convierte en uno de los principales hitos de la protección de los derechos de la mujer. Ha sido sancionada en 1994 y en la actualidad ha sido ratificada. “No se trata de crear nuevas leyes, sino que se trata de implementarlas y respetarlas. Se cuestiona la respuesta estatal que centra la problemática en la violencia familiar en vez de enfatizar que se trata de una violación a los derechos humanos, y no se advierte que es la condición de género el factor de riego”, argumenta la doctora Viqueira y agrega que “no hay una conducta penal tendiente a tratar el femicidio y no la habrá mientras se siga tratando el tema como crimen pasional o violencia en el hogar”.
La doctora Silvia Weksller, directora de la Asociación de Víctimas de Violación (A.VI.VI) deja un poco de lado su situación dentro de la asociación para contar una propia experiencia de violencia de género. “Mi hermana cometió el terrible error de tomar el camino del silencio, hasta que un día su marido le dio una tremenda golpiza en su departamento hasta dejarla media inconsciente. Ella, como pudo, llego hasta el Sanatorio de la Trinidad, y después de haber estado cinco días en coma, murió. Junto con mi familia decidimos iniciar acciones legales contra el asesino pero la justicia determinó que como él no tenía antecedentes podía esperar la sentencia en libertad. Sólo le pidieron que devuelva su pasaporte pero él argumento no tenerlo, y con eso alcanzó. Este año, después de bastante tiempo de espera, el Tribunal Oral N°6 de la Ciudad de Buenos Aires lo sentenció a doce años de prisión, pero cuando lo fueron a buscar ya se había ido del país. Esto es la crónica de una fuga anunciada”.
El Día de la No Violencia contra la mujer se denomina también el Día de las Mariposas por las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, activistas políticas que junto a muchos otros lucharon y enfrentaron el gobierno de Trujillo. En algunas ocasiones fueron presas y otras dejadas en libertad. Finalmente, el 25 de noviembre, las tres hermanas cayeron en una emboscada y fueron asesinadas por los esbirros del dictador, a garrotazos. Isabel Bosch, Agregada Cultural de la Republica de Santo Domingo expresó lo siguiente en la primera jornada de reflexión organizada por la Municipalidad de Vicente López. “En algunos lugares las llaman las hermanas Mirabal, las feministas, las Mariposas, porque además de haber sido victimas de un régimen dictatorial lo fueron del acoso sexual por parte de Trujillo que tenia principal atracción por las mujeres jóvenes y bellas. Minerva Mirabal lo había rechazado públicamente”.
Por su parte, Zulma Faiad como directora del Centro Municipal, comenta que “en la esquina del Centro hay una carnicería, en la cual muchos maridos esperan a sus mujeres con un ramo de flores y un perdón que apenas se abre entre sus labios. Yo la llamo la esquina de la prueba, porque si son capaces de superarla todavía tienen una esperanza, aunque muchas no vuelven”. Algo parecido ocurrió en la provincia de Tucumán, en donde una mujer fue estrangulada en un hotel por su ex marido quien la había citado allí para una reconciliación. La estranguló en un hotel y luego fue al cementerio y se pegó un tiro frente a la tumba de sus abuelos. Tenían 4 hijos juntos, pero la Justicia había dictado una restricción judicial contra el marido por agresiones y amenazas de muerte. La mujer había pedido ayuda hasta por televisión: "Me va a matar, no hoy ni mañana, pero me va a matar".
Como el caso de María del Carmen Pérez hay muchos mas, y a medida que pasa el tiempo sin justicia los casos se multiplican. Al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos en su vida.
María Elena Leuzzi, madre de una víctima de violación sexual en el año 2001, decidió canalizar su dolor fundando una Organización No Gubernamental llamada A.VI.VI. con el fin de ayudar a víctimas y a sus familiares a “simplificar los caminos hacia el logro de la justicia”. Con su voz pausada cuenta que “hoy tuvimos que recibir a una chiquita de ocho años con una hemorragia interna, y a pesar de que yo soy la cara visible de esta asociación, detrás de este proyecto hay muchos profesionales capacitados para socorrer y sostener a las víctimas”. Y agrega que "el 20% de los 4.300 casos que asistimos fueron víctimas de violadores ocasionales, pero el resto fueron casos intrafamiliares. Es terrible, es como si viviéramos en un país incestuoso".
Se necesitan leyes que amparen a las victimas y sancionen a los violentos, pero también la sociedad precisa una nueva forma de cultura en la cual ser mujer no signifique un castigo. Las mujeres debemos ser conscientes que el primer rasgo de muerte de nuestro genero es aceptar un insulto, una falta de respeto, una humillación, que luego se acompañara con un golpe, y mas tarde, ¿qué será? Porque el femicidio es primero la muerte del alma de una mujer que luego se traspasa a su cuerpo.
